lunes, 8 de agosto de 2016

Ya tú ves, Patricia: boleros judiciales

Foto artística, por BurlyQNel.

En el centenario del Inquieto Anacobero, vale la pena recordar una escandalosa historia que tuvo relación con él, aunque no protagónica.


Mee en sus años de la Armada, con la esposa, Mary Dixon,
quien no ignoraba que andaba con un mujeriego. Life, 5-5-1947.

Habana, años cuarenta.

Los elementos de la historia son muy prometedores: un veterano de la armada en la Segunda Guerra (33 años) y una bailarina exótica (Toledo, Ohio; 22 años), romance y yate particular. John Lester Mee, neurótico y fantasioso, según Life; y Patricia Schmidt, artísticamente "La Sátira". Mee tenía domicilio en Chicago y afición por las bailarinas, pues su esposa era una rubia colega de Patricia, lo mismo que otra de sus preferidas: Lorraine De Wood, alias "La Tirana Diabla". En la Ciudad de los Vientos se conocieron, Mee le prometió matrimonio y le facilitó su ida al Caribe.

Pues bien, en enero del 47 están en La Habana. Patricia no ahorra en gastos, confiada en el respaldo de John. A él no le funcionaba el negocio de pasajeros que había montado con el bote, de modo que la relación no iba mejor.


Patricia en el juicio. Foto de Juan Manuel Miralles,
ganadora de premio en 1947. 

La cosa desembocó en su trágico fin el 8 de abril. Patricia, por las peleas, tenía a mano una Derringer 22, con que hirió a John en el cuello*. Cinco días después murió. Vino el juicio, en noviembre; la condena a prisión, que alcanzó a durar dieciocho meses, cuando el mismo presidente Grau San Martín la perdonó, con indulto de octubre de 1948.

La suerte de las mujeres de Mee fue paradójica. Según una fuente, Patricia volvió a Chicago, ganándose la bicoca de $ 3000 mensuales; mientras que la viuda ganaba... la quinta parte. La Tirana también cosechó, pasando de los clubes de Milwaukee.


Sin el patetismo de la toma cubana,
esta es la imagen que dio Life de Patricia.

Ecos de un crimen.

Luego del hecho lamentable, el caso excitó el sensacionalismo de los medios cubanos y gringos; con una diferencia, al parecer: los locales eran benévolos con Patricia, mientras que los extranjeros hurgaban sin escrúpulos. Hubo reportaje en Bohemia; incluso una adaptación de Guantanamera, donde se narraba la historia de Sátira, cantaba por el propio compositor en su programa radial.

En casa, el 8 de octubre, luego del problemita.

Bueno, ¿y Daniel?

Ya vimos la interesante aportación de un bandoneón al conjunto matancero: 

Patricia 

Santos la absuelve, concediéndole la legítima defensa. El tema va muy bien con el ambiente tanguero de la pieza.
Hay una segunda parte, no tan buena, esta vez con el respaldo del Conjunto Casino: 

Ya tú ves, Patricia


Es un canto de victoria sobre la adversidad. Una despedida. Las dos composiciones de El Jefe cubren la escandalosa fama de la bailarina, que luego volvería al anonimato en su país. Todo muy periodístico...

Ñapa. En el mismo sencillo, por la otra cara, repite Santos con una obrita suya. El mismo tema: de abogado de los caídos, esta vez en beneficio de una Elvira, manzanillera:

Elvira, la manzanillera

El número es un apóstrofe al presidente, de modo que uno puede imaginarse al Anacobero en un tribunal, encargándose de la defensa rítmica de su cliente.

*Una versión distinta.

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